RELIGIONES COMPARADAS


Lala Her Dayal


The author points makes revealing comparations between the theological tenets of differentt religions but always camparinf them with scientific and philosophical parameters.

Tal vez usted haya nacido en una familia que profese una de las religiones más importantes de la actualidad; budismo, hinduísmo, jainismo, positivismo, cristianismo, taoísmo, judaísmo, islamismo, zoroastrismo, confucionismo o brahamanismo. Cuando se acepta el evangelio moderno del racionalismo se debe separar el grano de la chafa en el credo antiguo y tomar el trigo como contribución al Festival de la Cosecha de la Nueva Fraternidad. No se viene con las manos vacías del viejo hogar.

Uso de la ética y eliminación de la superstición
Se deben estudiar las grandes religiones cuidadosa y profundamente, su origen, historia y posición actual. Para el progreso social, han sido lo que los grandes ríos son para la prosperidad material de las naciones. Han proporcionado las aguas esenciales para la ética, las cuales, sin embargo, están contaminadas debido a la mezcla de supersticiones, como el Hoang Ho que es amarillo por acarrear los lodos de todo un continente. El elemento valioso en cada religión es su ética, la cual siempre se presenta en varias cantidades, como cuando se obtiene agua pura de agua contaminada mediante el proceso de destilación. El racionalismo destila la ética de todas las viejas religiones. Se debe condenar y rechazar la superstición que se encuentra en todas las religiones, pero no así la ética con la superstición. Comparar las religiones es un estudio fascinante, se introduce la presencia de nobles sabios y santos, que muestran las virtudes sociales de la negación de uno mismo, la templanza, la paciencia, la sencillez y el amor. La mayoría de ellos ignoraban la ciencia y combinaban la ética más alta con burda superstición. Hay que tomar sus virtudes y rechazar sus errores, como el árabe que se come los dátiles pero tira los huesos. Tallar, pulir y lavar las viejas religiones, pero que la ética no sea eliminada en ese proceso.

Las religiones no pueden dictar leyes sociales.
Todas las religiones prescriben ciertas costumbres sociales e inculcan algunos ideales políticos. Aprueban varias leyes maritales y prohíben algunos tipos de alimentos. Insisten en la celebración de ritos y ceremonias. Todos estos agregados de las viejas religiones deben ser juzgadas por sus méritos desde el punto de vista de la ciencia moderna y el racionalismo. Estas imposiciones de antiguos profetas no pueden ser aceptadas hoy en día. No se puede prohibir el divorcio, o comer cerdo y pescado, o sancionar la poligamia, sólo porque algún venerable maestro o santo dijo algo sobre estos asuntos hace mucho tiempo. Dichas instituciones sociales deben cambiar a través del tiempo. Así que es necesario pensar por uno mismo estas cuestiones y no seguir a Jesús, Manu, Zoroastro, Mahoma o Buda. Ellos no pueden dictar nuestras leyes sociales y costumbres, aunque se pueden aprender las virtudes de ellos. Si una Iglesia aprueba la democracia (como el calvinismo), uno debe obedecer sus preceptos políticos. Pero si apoya al despotismos o a la oligarquía, hay que rechazar sus enseñanzas en cuanto a eso. Todas las afirmaciones religiosas que están en contra de la democracia, la libertad, la igualdad y la fraternidad en la política y la economía deben ser ahora condenadas al olvido. Ningún líder espiritual muerto nos puede inducir ahora a pagarle tributo al César o al Califa.

Condenación de ritos y ceremonias.
Los ritos y ceremonias de todas las religiones deben ser abandonados y condenados. Los actos externos y mecánicos no pueden nunca purificar el alma y desarrollar la personalidad. Como es difícil ser virtuoso, los sacerdotes les enseñan a las personas a ser aparentemente piadosas. Tal piedad farisaica es un serio obstáculo para el crecimiento moral. En muchos casos, la gente cree que se escapará de un futuro castigo en el infierno o asegurará una prosperidad material en este mundo por la su participación en ciertas ceremonias. A los sacerdotes se les paga comúnmente por estas patrañas y bufonería religiosa; no importa quien pierda, ellos siempre ganan. Hay que encarar este fraude. Es necesario enseñar a sus congéneres que no se gana nada con la circuncisión, el bautismo, las peregrinaciones, los sacramentos, la “santa comunión”, los altares de fuego, las adoraciones al sol, las vestimentas sagradas, los sacrificios sangrientos, las velas e inciensos, rituales y postraciones, baños en ríos y besos a piedras, la adoración a reliquias y tumbas, dientes, ídolos, figuras de animales y pinturas. ¡Fuera esas tonterías! Cristianos, el agua y el vino no lavarán sus pecados, reciban el bautizo de la hermandad y beban el vino de la sabiduría hasta que se emborrachen. Ustedes musulmanes y judíos, suspendan la lujuria y la impudicia, ¡no mutilen el cuerpo! Hindúes, no adoren al sol, sino amen a la ciencia que explora al sol. No usen una vestimenta sagrada, sino unan sus corazones con el hilo sedoso del amor. Parsis, no alimenten el santo fuego, mejor mantengan la flama de fraternidad ardiendo en sus almas. Ustedes budistas, no adoren reliquias de Buda; escuchen las dulces palabras que salen de sus labios. Ustedes sintoístas, su obarai no expiará sus pecados. Ustedes hindúes y musulmanes, no maten a las pobres bestias en honor de Kali o Alá; destruyan al lobo y a la víbora que llevan dentro. No murmuren los noventa y nueve nombres de “Dios” o los mil nombres de “Vishnu”, repitan mejor los nombres de todos los sabios y científicos que han existido. No caminen alrededor de los templos, mejor viajen por el mundo y sean sabios. No ayunen en ciertos períodos y mejor sean moderados todos los días y noches. No aplasten sus almas con símbolos materiales burdos que desaparecen. Veneren las verdades éticas sublimes que durarán por siempre.

Salvación – Cielo e Infierno
La doctrina de la “salvación” en uno o en muchos cielos y la “condenación” en uno o varios infiernos, forma una parte integral de casi todas las religiones. Tal dicha o tal miseria pueden ser eternas, como en el cristianismo o en el islam o pueden durar sólo un lapso de tiempo, como en el hinduísmo o el budismo. Las recompensas y los castigos de la vida futura se supone incitan al hombre común en la búsqueda de la virtud o disuadirlo de los vicios y pecados. Todos estos dogmas están normalmente basados en la noción de que cierta porción de la personalidad humana, llamada “alma” y sobrevive a la muerte. Puede estar reunida con el cuerpo o puede subsistir por sí misma. Ha sido considerada como algo “material” o únicamente “espiritual”. La idea central es que algo de la personalidad como ser que siente existirá después de la muerte y será capaz de disfrutar la felicidad o sufrir el dolor. ¡Que estupenda estructura de superstición ha surgido en todas las naciones con esta doctrina anticientífica! La ética ha sido descarada y degradada al apoyarla. El miedo y el terror han robado a incontables hombres y mujeres de su dignidad, paz y verdadera moralidad. Del antiguo egipcio hasta el más reciente revivalista delirante, el hombre ignorante ha balbuceado esta pregunta en piadosos acentos; “¿Qué me pasará cuando me muera?” Charlatanes ingeniosos y pillos sin escrúpulos han explotado esta ignorancia a través del tiempo. Los sacerdotes han robado el dinero de la gente al prometerles felicidad de algún tipo en el futuro. Tal vez se engañaron a ellos mismos primero, pero obtuvieron ganancias de este engaño. El miedo a la “condenación” ha sacado más lágrimas a los ojos de la raza humana que las que llenarían todos los océanos. La esperanza de la “salvación” ha llenado los cofres de los sacerdotes-parásitos con más oro y plata de la que los españoles extrajeron de América o Mahmud de India. La ética ha sido considerada como el precio diario que hay que pagar como seguro contra el riesgo de la “condenación”, siendo cada Iglesia la compañía de seguros confiable para sus feligreses. ¡Un impostor ruso realmente vendió asientos en el Cielo al precio de cinco y diez rublos! Las misas, oraciones y regalos para los muertos son fuentes permanentes de ganancias para los sacerdotes de todos los países. Tales son las terribles consecuencias de esta doctrina del “alma” y su existencia futura en otro mundo. Juzgada únicamente por estos resultados debe ser condenada y combatida por todos los amantes de la humanidad.
Ahora, tenemos que liberarnos y liberar a los demás de tales supersticiones al refutar el “dogma de la retribución” en todas sus formas. El hombre nace para desarrollar su personalidad, no para ser castigado con dolor o recompensado con placer por sus acciones. Debemos evitar la idea de la retribución y desecharla, donde quiera que la encontremos. El desarrollo y no esta retribución hedonística o no es el destino de la personalidad. El universo no está en manos de policías brutales o de mercaderes avaros, está controlado y regulado por la Evolución, el crecimiento de la vida, el devenir cotidiano. Nada será castigado o recompensado en ningún lugar o de ninguna manera después de morir. La virtud tiene su propia recompensa aquí en esta vida, mientras uno va creciendo. El vicio tiene su propio castigo aquí en la Tierra, pues resta crecimiento. El universo no lleva un registro de lo que hacemos, no recuerda tus buenas acciones o tus pecados. Cuenta cada momento por sí mismo y se preocupa más por su labor de crecimiento. Por lo tanto, hay que olvidar la noción de una retribución después de la muerte.

Arriba

Siguiente