UNA LLAMADA DE PRECAUCION Y PRUDENCIA PARA ESTADOS UNIDOS


Paul Kurtz

El ataque terrorista al World Trade Center en Nueva York el 11 de septiembre ha sorprendido al mundo civilizado y traído consigo, justamente, expresiones de rechazo y condena. Lo que más asombra a todos es la aparente voluntad de diecinueve terroristas de suicidarse al estrellar sus aeronaves en blancos y su absoluta insensibilidad a las muertes de miles de personas inocentes. Algunos de los terroristas aparentemente son hombres de veinte a treinta años que han pasado meses o años entrenándose para esta peligrosa misión. Un soldado mandado a combatir para dañar a sus enemigos normalmente tiene alguna esperanza de regresar vivo; pero no en estos casos, donde la muerte era inevitable. ¿Cómo pudieron actuar de esta manera? ¿Cuáles eran sus motivos?
Sabemos que los atentados suicidas en Israel y Palestina que se dan en lugares con mucha gente inocente, incluyendo mujeres y niños, comúnmente gritan “¡Allahu akbar!” (¡Dios es grande!) antes de hacerse explotar al reino que viene. En muchos casos las familias de los que ejecutan dichos actos cuando son entrevistadas aplauden las acciones de sus hijos o hermanos, por su ‘labor heróica’. En un caso, el padre hasta esperaba que su segundo hijo hiciera el mismo sacrificio.
Obviamente, los motivos son religiosos. Y están basados en la profunda fe en que están haciendo la labor de Alá y que serán recompensados en el cielo después de la muerte. Según la historia, un héroe que muera así por el Islam tendrá sesenta o sesenta y dos vírgenes por toda la eternidad. Todos los enemigos del Islam —como son vistos por ellos— son considerados malignos y necesitan ser destruídos. Sus víctimas son deshumanizadas. Aquí la jihad es considerada como algo correcto y bueno porque está hecho en nombre de Dios.
Contrastemos esto con la fe de los cristianos y judíos que rezan a Dios, implorando que Él esté de su lado. Normalmente afirman que cualquier retribución que ellos tomen es en nombre de su Dios y religión.
Mientras Estados Unidos responde con miedo a estos terroristas, uno debería considerar las premisas religiosas opuestas en este conflicto. ¿Vamos a entrar a una Guerra Santa—en nombre de Dios—como es vista diferentemente por las facciones en contienda? Claramente los actos de los terroristas islámicos son inconcebibles. ¿Pero qué hay sobre la retribución hecha con la convicción de que Dios ”está de nuestro lado”? Si Él es así, ¿porqué permitió que más de seis mil personas inocentes murieran en las torres del World Trade Center; y por qué permitirá la muerte de decenas de miles de víctimas inocentes que están muriendo y que seguramente morirán en los ataques militares?
Desafortunadamente, las premisas religiosas principales de esta conflagración no están abiertas a discusión. Hay muy pocos cuestionamientos a los fundamentos de las creencias religiosas, se considera de mal gusto o intolerable de hacer. La antigua jihad está basada en el Corán y el Hadith, mientras que la respuesta judeo cristiana está basada en la Biblia. Estos documentos se engendraron en sociedades nómadas y rurales en la infancia de la civilización y no son apropiadas en el mundo moderno. Debemos buscar un campo común con otros seres humanos —al abrir la discusión de los fundamentos de la revelación en el Viejo y el Nuevo Testamento y el Corán— y no dejar que estos documentos ancestrales dicten nuestras políticas.
El Corán es un buen ejemplo, porque si uno estudia la historia del Islam, uno encuentra que expandió su hegemonía con el uso de la espada. Mahoma levantó un ejercito de diez mil hombres y destruyó a sus enemigos al imponer el Islam con métodos violentos. La jihad ha sido practicada a través de su historia por los militantes creyentes en Alá y Mahoma—por los moros norteafricanos, en España, Francia y el Mediterráneo, por el Imperio Otomano de Turquía en el Medio Oriente y Europa oriental y por las invasiones mongoles de Europa. Las cruzadas, que buscaban defender la fe cristiana en los siglos XI y XII, fueron dirigidas por cristianos militantes que atacaron tierras islámicas y tomaron la “Tierra Santa” de los musulmanes para después perderla. La Santa Inquisición buscó expulsar a los judíos y a los musulmanes de la península ibérica en el siglo XV. La jihad fue detenida hace dos siglos cuando los poderes colonizadores de Europa, especialmente Francia y Gran Bretaña, conquistaron muchos países islámicos en Africa del Norte y el Medio Oriente. Se resumió de nuevo después de la Segunda Guerra Mundial cuando estos países fueron liberados y establecieron sus propias teocracias feudales, los cuales continúan aumentando el número de fundamentalistas mientras ganan terreno aterrorizando gobiernos e impidiendo cualquier medida en contra de ellos.
La batalla por Palestina en parte es entre judíos que creen en el Viejo Testamento y musulmanes que siguen el Corán. Hoy minorías pacifistas y democráticas musulmanas significantes existen en todos los países de occidente —especialmente en Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra. Pero lo que no es discutido y necesita ser discutido, urgente y críticamente, son los fundamentos de las peticiones que piden una jihad. Uno puede argumentar que el Islam continuará, por supuesto, como el credo de una gran civilización. Pero existe una diferencia entre la interpretación liberal del Corán con un énfasis en los pronunciamientos simbólicos y la interpretación literal del Corán y el Hadith que justifica la jihad. La tradición literal condena a muerte a aquellos que buscan alejarse del Islam; aquellos que lo blasfeman son considerados enemigos. La jihad necesita ser interpretada considerando el hecho de que estas revelaciones tienen fundamentos dudosos. Necesitamos crítica coránica y necesitamos discutir el Corán cuidadosamente, sin hacer ninguna condenación. Si el Corán y el Hadith son usados para reprimir a otros o para desatar una guerra santa, entonces necesitamos una clara discusión de cómo y por qué y demostrar los fundamentos fragmentados y cuestionables de esta fe la cual inspira a muchos musulmanes a morir en el nombre de Alà. Algo similar también debería aplicársele a la Biblia.La revista Free Inquiry fue fundada en 1980 en respuesta al surgimiento del derecho religioso y su uso de la Biblia para justificar la represión en Estados Unidos y para hacer un puente entre la separación de la iglesia y el Estado. Si el Corán y la Biblia son utilizadas para justificar guerras de agresión o venganza, entonces tienen que ser leídas críticamente. Sin embargo, está muy lejos de suceder en la mayor parte del mundo.
Los musulmanes fundamentalistas odian el mundo occidental moderno, su devoción a la democracia, los derechos civiles, la libertad moral, la razón y la ciencia. En su lugar ellos establecerían un patriarcado medieval y barbárico, el cual suprime a las mujeres y su libertad de expresión. Los musulmanes modernos se dan cuenta que la cultura islámica no avanzará hasta que entre al mundo moderno y acepte la democracia, el secularismo y la investigación científica racional. Ellos son intimidados por los fundamentalistas.
En la situación actual pedimos precaución y prudencia, y esperemos que la histeria en ambos lados se detenga. Aquellos que realizan crímenes horrendos de terror deben ser llevados a la justicia. Pero los terroristas son un problema internacional, no un problema exclusivo de Estados Unidos, y necesitamos una convención internacional de todas las naciones civilizadas del mundo —musulmanes y occidentales, cristianas, judías y seculares— como ha aconsejado el presidente Mubarak de Egipto. Acciones unilaterales por parte de Estados Unidos son imprudentes. Necesitamos que todas las naciones civilizadas de nuestra comunidad planetaria actúen en concierto en contra del terrorismo.
Sabemos que la gente estadounidense busca justicia; y que desean castigar a aquellos que cometieran tan terribles actos. El presidente Bush ha llamado a una guerra masiva contra el terrorismo, pero ha usado desafortunadamente el término cruzada para describir esa guerra. Les está pidiendo a los estadounidenses y a los demás del mundo que se preocupen por esta amenaza. Sin embargo, pido una respuesta reflexiva. Cualquier acción que tomemos debe ser en concierto con todos nuestros aliados en el mundo democrático y con el apoyo de las naciones musulmanas moderadas. Las Naciones Unidas deben estar involucradas en una fuerza internacional que busque la paz. Todos los terroristas deberán ser llevados a la Corte Mundial en La Haya para que sean juzgados.
Una nube de temor cubre a Estados Unidos. La gente tiene miedo de viajar. Hay aprehensiones de supuestos espías. Y hay peticiones de limitar nuestras libertades civiles. Hay temor de que pronto habrá un Estado policía. No debemos darle la espalda a nuestro vecino musulmán, la vasta mayoría de ellos no tienen intención de entrar a una jihad. Lo que es esencial es que aunque necesitamos defendernos, obviamente, también tenemos que proteger nuestras queridas libertades civiles y nuestras garantías constitucionales y cuidar que no se erosionen. Estados Unidos ha existido por más de dos siglos y nuestra Constitución ha salvaguardado su gran democracia. No debemos, por miedo o enojo, estar dispuestos a suprimir nuestras preciadas libertades.
La Llamada de atención de precaución y prudencia es:


*Necesitamos un libre cuestionamiento de las premisas religiosas de la conflagración creciente.
*Necesitamos un debate racional de premisas cuestionables de una “guerra santa” o jihad.
*Necesitamos un debate racional de la llamada bíblica de retribución.
*Llamamos a que Estados Unidos no actúe unilateralmente y pedimos a las Naciones Unidas que establezca una fuerza pacificadora.
*Todos los terroristas cuando sean aprehendidos deben ser llevados a la Corte Mundial en La Haya y ser enjuiciados.
*Las libertades civiles constitucionales básicas de Estados Unidos no deben ser abrogadas.

Tomado de New Zealand Humanist No. 151. Septiembre 2001.
Traducido del inglés por Mario Méndez López.

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