La homeopatía y otros sistemas de creencia mágicos
Algunos de los principios de creencias mágicas descritos antes son evidentes en los actuales sistemas populares de creencia. Un claro ejemplo es la homeopatía. Las falacias en las afirmaciones homeopáticas han sido discutidas por muchos, incluyendo Barret (1987) y Gardner (1989); pero es curioso que este sistema de curación no ha sido detectado ampliamente de estar basado en el pensamiento mágico (3). El principio fundamental de su fundamentos establecidos por Samuel Hahnemann (1755-1843), similia similibus curentur (“dejen que lo parecido curen lo parecido”), es una expresión explícita de un principio mágico. Los ingredientes supuestamente activos en las medicaciones homeopáticas se “probaron” su efectividad en contra de una enfermedad en particular cuando produjeron en gente sana síntomas parecidos a los causados por la enfermedad.
Hahnemann sabía muy bien, dice el biógrafo Martin Gumpert, que sus teorías podían ser relegadas a “mera magia” (1945, 147) y trató de explicar los supuestos efectos de la homeopatía a la ciencia establecida de la época. Le impresionó el concepto de Anton Mesmer (1734-1815) de “magnetismo animal” y el del “dinamismo” del filósofo Friederich Schelling (1775-1854) que enseñaba que la materia era divisible infinitamente y que “entre más insustancial la materia se hiciera por dilución, más pura y efectiva serían sus funciones ‘espirituales’ y ‘dinámicas’ (Gumpert 1945, 147). Así que Hahnemann insistió que una “fuerza vital” estaba presente tanto en el cuerpo humano como en sus medicamentos. Reconoció que sus diluciones sucesivas (“potenciaciones”) de la sustancia supuestamente activa en agua, inevitablemente reducían la cantidad de sustancia original hasta eliminarla; pero el agua tenía la esencia de la sustancia activa, con la cual había estado en contacto y que la esencia funcionaba en la fuerza vital del paciente. Aún más, el poder del medicamento —su “potencia” o “dinamización,” términos tomados de Schelling— se incrementaba al pulverizar el material original y agitar la solución (“sucusión”).
El atractivo de Hahnemann, entonces y ahora, aumenta ya que era un médico con buena educación y realizó críticas legítimas a varias prácticas médicas de sus tiempos, pero mucho de su visión científica contemporánea seguía siendo mágico. Tres principios fundamentales de la magia están en la homeopatía: similaridad, poder y contacto.
Según una encuesta sobre medicina alternativa en el Journal of the American Medical Association del 11 de noviembre de 1998, el uso de los estadounidenses de preparaciones homeopáticas se duplicó entre 1990 y 1997 (Eisenberg et. al 1998) (4). La mayoría de los textos homeopáticos modernos tienen cuidado en enfatizar las limitaciones de la homeopatía y aconsejan consultar a un médico si los síntomas persisten. Sin embargo la mayoría insiste en que la homeopatía sigue los principios de la ciencia, alegando que se apoya en la experimentación, en los principios de vacunación (Edward Jenner fue contemporáneo de Hahnemann) y sus aparentes parecidos con descubrimientos en sintomatología e inmunología y las reacciones del cuerpo a varios estresores físicos y emocionales. Un significado popular de “ciencia,” aparentemente, es “complicado” y Dana Ullman (1988, 10) afirma que la homeopatía es “muy científica” para que la gente común la entienda. Ullman discute sobre explicaciones biológicas y físicas de los conceptos de “resonancia” y “fuerza vital” y los compara con algunas de las ideas cupulares del “poder” místico que señalé anteriormente, y aún más: el chi chino, el ki japonés, lo que los yogis llaman ‘prana’, los científicos rusos ‘bioplasma’ y los personajes de La Guerra de las Galaxias llaman “La Fuerza” (p. 15) y (p.34, n.1) y cita el estudio clásico de Frazer de magia como paralelismos interculturales a la “¡ley de los similares!” Luego, él y Stephen Cummings (Cummings y Ullman, 1991) son más cuidadosos y concluyen que la ciencia aun tienen que explicar cómo “funciona.” Por ahora, las mejores explicaciones de las supuestas curaciones con homeopatía —suponiendo que la enfermedad es clínicamente genuina— son: 1)al ser completamente inertes, los remedios homeopáticos permiten a la naturaleza seguir su camino, como Duffy (1976, 112ss.) ha indicado (5); y /o 2) el efecto placebo, el cuál está bajo nuevas investigaciones médicas (6). De hecho, cuando los antropólogos indican que una creencia o una expectativa cultural/psicológica es responsable de curaciones mágicas de lo que hablan realmente es del efecto placebo.
Otras creencias “alternativas” y de la “Nueva Era” son obviamente mágicas; muchas son antiguas y muy conocidas. Los cristales se cree, desde hace mucho tiempo, que contienen poder concentrado; dependiendo el color del cristal es el efecto curativo específico que tienen. Los colores mejoran los poderes de las velas y de otros artículos utilizados en rituales. A principio de los ochentas le di alojamiento en mi casa a un joven entusiasta de la Nueva Era. Tom, como lo llamaré, trajo por algunas semanas una pequeña bolsa de cristales clavada dentro de su camisa, por encima de su corazón. Una mañana me di cuenta que traía una botellita café de líquido, con el letrero “Agua Roja de Tom.” Me explicó que un miembro de su grupo de terapia/discusión hizo varias para quien las quisiera: envolvió una botella grande de agua en celofán rojo y lo colocó bajo el sol todo el día. Cada persona traía una botellita de este líquido energizante y lo probaba cuatro veces al día.
Pero el poder curativo mágico de los colores parece universal. Mi colega Ana Mariella Bacigalupo me informó que los trabajadores de la salud entre los mapuche de Chile, se dieron cuenta de que sus pacientes eran indififerentes a las pastillas blancas de antibióticos pues preferían pastillas rojas porque el rojo está culturalmente asociado con el exorcismo (como hace mucho en Europa e Inglaterra; ver Bonser 1963, 219). Seis estudios en el British Medical Journal en 1996 confirmaron las expectativas populares europeas y americanas sobre el color de las pastillas: las pastillas rojas, amarillas o naranjas tienen un efecto estimulante general, las azules o verdes son sedantes; y específicamente, roja es cardiovascular, naranja es piel y la blanca es para todos los propósitos. Los autores señalan correctamente que las asociaciones culturales pueden variar, aunque el rojo de la sangre, que genera vitalidad, es probablemente universal (de Craen et al. 1996).
Las explicaciones sociopsicológicas de por qué la gente sigue usando a la magia en una era científica y tecnológica están de acuerdo en que les da a los individuos una sensación de control, por lo tanto un aumento en la autoestima en un mundo confuso e impersonal. Cuando el objetivo es el alivio de alguna enfermedad personal, tal confianza puede generar sentimientos de mejoramiento, aunque sea temporal, a través del efecto placebo.
Los efectos fisiológicos de las expectativas culturales —una explicación del efecto placebo— fueron indicados en los setentas, en varios estudios suecos y tailandeses mostraron que a la gente que le gustaba la apariencia y el saber de lo que se comían absorbían más nutrientes. Esto se explicó por la “fase cefálica” del proceso digestivo, que afecta el flujo de las secreciones intestinales, pancreáticas, gástricas y salivares. Los comensales tailandeses y suecos eran indiferentes a las comidas de los otros países y ningún grupo estaba interesado en alguna de sus propias comidas favoritas cuyos componenetes se habían licuado a grandes velocidades. En tales casos, la absorción de hierro se redujo en 70 por ciento (ver hallberg et. al. 1977; reportado en Tufts University Health & Nutrition Letter, Octubre 2000).

¿Bases neurobiológicas del pensamiento mágico?
De todos los principios del pensamiento mágico que he discutido anteriormente, el principio de la similaridad de Frazer es el más básico. Esta es la base de las creencias y prácticas universales que involucran nociones de parecido, incluídas en la rúbrica general de “magia imitativa” y el principio que mas ha sugerido a los académicos afiirmar que un mecanismo básico de la cognición humana está funcionando. Ha sido entendido desde hace mucho que la imitación es la base del aprendizaje entre los primates y los humanos. Los mecanismos específicos del cerebro involucrados en la imitación entre los simios ha sido identificado recientemente y su implicación en la percepción, simbolismo y comunicación primate y humana ha sido reconocida (Rizzolatti y Arbib 1998). Por lo tanto, un descubrimiento de 1999 entre sujetos humanos por científicos del cerebro es especialmente emocionante. Marco Iacoboni y su colega (Iacoboni et al. 1999) les pidieron a participantes saludables que observaran fotos de movimientos específicos de los dedos y que imitaran esos movimientos mientras se les medía su actividad cerebral; luego, mover sólo un dedo cuando se les mostrara cruces que los representaban. Los experimentos mostraban qué áreas específicas del cerebro humano eran utilizadas en la imitación, tanto cuando los estímulos eran acciones como cuando eran representaciones simbólicas de acciones. Las implicaciones del pensamiento mágico son enormes.
Pero la mayoría de la gente del mundo, incluyendo muchos científicos altamente calificados (7), obviamente creen que existen conexiones reales entre el símbolo y su referente y que algún poder real y potencialmente medible fluye entre ellos. La Dra. Elisabeth Targ y sus colegas recientemente realizaron “un estudio doble-ciego al azar sobre el efecto de la curación a distancia” publicado en una importante revista medica americana , el Western Journal of Medicine (Sichet et. al. 1998). (Elisabeth es la hija del impulsor de la “energía psi” Russel Targ.) Martin Gardner (2001, 14) reporta que Elizabeth Targ recibió más de dos millones de dólares de fondos públicos del National Center for Complementary and Alternative Medicine de los National Institutes of Health para estudios sobre “curación a distancia,” uno de más de tres años en 150 pacientes con VIH y otro de más de cuatro años en personas con glioblastoma. Los métodos en su estudio de 1998 incluían a cuarenta “curadores a distancia experimentados” estadounidenses de distintas tradiciones (“cristianos, judíos, budistas, americanos nativos y shamánicos;” p. 359), a los cuales se les dio cinco “paquetes de información del sujeto” que contenían datos personales: el primer nombre del sujeto, una foto a color actual y apuntes sobre su cuenta de sangre y síntomas presentes. Se les instruyó a los curadores a abrir sus paquetes en ciertas fechas y “trabajar en el sujeto asignado aproximadamente una hora al día por seis días consecutivos con la instrucción de ‘dirigir una intención de salud y bienestar’ al sujeto” (p. 359). Suponiendo que los métodos actuales de Targ continúen siendo los mismos, podemos afirmar que su generoso gobierno apoya el probar de manera moderna una imagen mágica, universal y antigua, involucrando por lo menos cuatro principios clásicos del pensamiento mágico: poder, interconexiones con la naturaleza, símbolos y similaridad (8).

Notas
1. Por ejemplo, L. Zusne y W. H. Jones, cuyos estudios (Zusne 1985, Zusne y Jones 1989) han puesto los estándares para investigaciones subsecuentes (Krippner y Winkler 1996, Thomas 1999).
2. Glendower: Puedo llamar espíritus de las vastas profundidades.
Hotspur: Porque, yo también, o cualquier otro hombre;
Pero vendrán cuando los llames?
3. Algunos escritores, como Planner (1988, 189-191), categorizan a la homeopatía como magia; pero el folklorista Wayland Hand es el único intelectual que he encontrado que explícitamente lo identifica como basado en principios específicos del pensamiento mágico. En su ensayo ya muchas veces publicado “Folk Magical Medicine and Symbolism in the West,” discute los antiguos principios muy conocidos de la similaridad en la medicina y se refiere a la homeopatía como “magia analógica” (1980, 306). Hand coleccionó tantas instancias de prácticas mágicas entre poblaciones modernas a través de Europa y Norteamérica como Frazer tenía del mundo tradicional; ver su Magical Medicine, 1980.
4. “Los más grandes aumentos fueron en el uso de medicina herbal, masaje, megavitaminas, grupos de auto ayuda, remedios caseros, curación por energía y homeopatía” (Eisenberg et al. 1998, 1571). Sobre “curación por energía,” los imánes fueron los más usados comúnmente; otros citados frecuentemente fueron el Toque Terapéutico, Reiki y curación por energía por grupos religiosos. En términos de preferencia, la homeopatía ocupó el lugar 13 de 16 terapias alternativas de la encuenta, de las cuales todas mostraron un aumento notable entre 1990 y 1997. Es interesante señalar, sin embargo, que bajo la frase “fui a un practicante en los últimos 12 meses,” la acupuntura y la homeopatía se reducieron, donde todas las demás aumentaron. Se que muchos aparatos de acupuntura casera han aparecido en el mercado. Las visitas a practicantes homeopáticos se redujo en la mitad, sin duda por la gran cantidad de preparaciones homeopáticas listas para usarse que aparecieron.
5. Duffy señaló este valor en los siglos XVIII y XIX, cuando los tratamientos estándares como hemorragias, purgas, enemas drásticos, aplicaciones de calor o frío, etc., podían lastimar al paciente. La recuperación “natural” de cualquier enfermedad puede ser temporal o ilusoria, debido a la naturaleza cíclica de la enfermedad o de sus síntomas o por remisión espontánea, así como varios factores fisiológicos (auto-delusión), reportando errores, etc., como Bayestein (1997) ha indicado.
6. El “efecto placebo,” aparenta el mejoramiento fisiológico de gente enferma que recibe un tratamiento inefectivo sin saberlo, ha sido considerado especialmente poderoso, atribuído a la fuerza de la “conexión mente-cuerpo.” En los noventas muchos estudios trataron de determinar alguna eficacia clínica de la homeopatía; determinar el papel del placebo en este sentido clínico relativamente estrecho era dificil, ya que muchos factores subjetivos pueden involucrarse. El 24 de mayo de 2002, mientras este trabajo estaba siendo revisado, los noticieros llamaron “mito” al efecto placebo y predijeron que cambiaría la concepción médica sobre éste. Pero esa investigación (Jrobjartsson y Gotzsche 2001) de hecho apoya el uso que le doy al término. Los casos en donde el placebo se dijo que no tenía efecto eran pruebas clínicas que involucraban “respuestas binarias” (náusea, recaída del fumador) medido por estándarse objetivos. En casos de “respuestas contínuas” (hipertensión, dolor) y juicios de sugestión los investigadores encontraron que el placebo era benéfico. Los psicólogos y los antropólogos reconocen que este es exactamente el tipo de caso en donde la curación por fe, que es lo que la homeopatía realmente es, “funciona.”
7. Eisenberg et al. (1998) encontraron que el uso de la medicina “alternativa” o “complementaria” era significativamente más común entre gente con educación universitaria (50.6 por ciento) que los que no la tienen (36.4 por ciento), entre gente de 35-49 años que de más viejos o jóvenes, y entre gente con ingresos anuales de más de US $50,000.
8. Y nos podemos horrorizar justificadamente por la cantidad de dinero de los contribuyentes que se gasta. Pero Eisenberg, et. al. (1998) calcularon que entre 1990 y 1997 las visitas a los proveedores de la medicina alternativa erán más que todas las visitas hechas a médicos generales; y otras encuestas muestran el ascendente uso de la medicina alternativa a través del país y por todo el mundo. Así que tal vez nuestro horror pueda tranquilizarse al darnos cuenta que, dado el alto número de norteamericanos que han consultado a practicantes médicos “alternativos” o “complementarios, el gobierno tiene la obligación de apoyar investigaciones sobre su efectividad. Aún así, cualquier persona tradicional en cualquier región del mundo le podría aconsejar a la Dra. Targ que sus oportunidades de tener éxito serían más grandes si añadiera a sus “paquetes de información del sujeto” artículos que han estado en contacto íntimo directo con los sujetos, tales como pelo, uñas o cualquier fluído corporal, o sólo un fragmento de ropa interior sin lavar.

Referencias
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Publicado en Skeptical Inquirer, Vol. 25, No. , Noviembre/Diciembre, 2001.
Traducido por Mario Méndez López

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