GUÍA DE LOS HUMANISTAS AL INFIERNO


SHAWN DAWSON
Profesor de Filosofía en la Universidad de Regina, Canadá

 

Existe un defecto muy serio para mi mente en el carácter moral de Cristo y es que él creía en el infierno. No creo que alguien que sea realmente profundamente humana pueda creer en el castigo eterno.
-Bertrand Russell (1)

Dudo que muchos humanistas pasen mucho tiempo pensando en el infierno y probablemente con razón. El infierno es un concepto obviamente anticuado y malo que la gente humana e inteligente rechaza. ¿Para qué perder el tiempo pensando en eso?
Bueno, para empezar, es importante que los humanistas estén bien informados si no queremos ser acusados de ser de mente cerrada. Además, analizándo el concepto de infierno puede ser incompatible con la existencia de un dios bueno, justo y amante, y darle a los humanistas una buena razón para rechazar aquellas religiones que lo aceptan. Con estas consideraciones, ofrezco la siguiente guía del concepto del infierno y sus muchos problemas.

I. LA DOCTRINA TRADICIONAL DEL INFIERNO
La doctrina tradicional del infierno está firmemente basada en la Biblia, fue pregonada por Jesús, reconocida por casi todos los grandes teólogos y no es difícil de determinar (2). Sus principales características son las siguientes. 1) El infierno es un lugar, o tal vez un estado de ser, en donde los malos, los condenados, son castigados (Lucas 16:19-26; Rev. 20:12-15; 2 Tes. 1:7-10). 2)El infierno es inescapable, sin fin y sin la posibilidad de perdón (Mat. 25:41; Marc. 9:43-48). 3) Los condenados están conscientes en el infierno (Lucas 16:19-26). 4)Existen grados de castigo en el infierno según el pecado o maldad del alma condenada (Mat. 10:15, 11:20:-24; Lucas 12:47-48) (3). 5)Muchas almas, tal vez la mayoría de la humanidad, terminarán en el infierno (Mat. 7:13-14). 6) Los condenados experimentan mucho dolor y sufrimiento en el infierno (Mat. 13:49-50).
Existe un consenso creciente entre los filósofos de la religión y algunos teólogos de que la doctrina tradicional del infierno es inaceptable. El principal argumento en contra es uno moral y es conocido como el argumento de la justicia. Brevemente, el argumento es el siguiente. Las acciones humanas ocurren en el tiempo y el espacio y son finitas a su significancia. El infierno es un castigo infinito al pecado. Es injusto infligir un castigo desproporcionado a la ofensa. El infierno, como castigo infinito, es desproporcionadamente severo para el pecado humano finito. Por lo tanto, el infierno es injusto (4).
Algunos argumentos menos influyentes en contra del concepto tradicional del infierno valen la pena ser mencionados. Se puede argumentar que el infierno es injusto porque castiga o tortura a la gente por no tener creencias religiosas (o creencias erróneas), algo que condenamos que la gente o los gobiernos hagan. Otra forma sería preguntarnos si el infierno es realmente un castigo, ya que es puramente retribuido. ¿Es el infierno una venganza por parte de Dios? ¿Es la rehabilitación un objetivo necesario del castigo?
Independiente de si estos argumentos tienen éxito, el argumento de la justicia parece ser muy fuerte. ¿Qué puede hacer un creyente del infierno? Existen varias opciones, de las cuales ninguna es muy prometedora.

II. CAMBIAR EL CONCEPTO TRADICIONAL DEL INFIERNO.
Esta es la opción más elegida y más atractiva. Puede ser de varias formas, como las siguientes posibilidades (que no son exclusivas mutuamente).
A. Retirar la cláusula “inescapable”
La idea aquí es hacer al infierno en algo de donde se pueda escapar, por lo menos para unos cuantos. Esto se puede combinar con la idea de que el infierno es rehabilitativo y que si los condenados aprendieran de su experiencia, podrían tener una oportunidad de redención. Esta combinación convierte al infierno básicamente en una versión del purgatorio. Una variante de esta idea es que es posible de otra manera escaparse del infierno para los incorregibles, aquéllos que nunca se arrepentirán. En algún punto, ya sea si es después de pasar cierto tiempo en el infierno o simplemente al morir, dios los aniquilaría. Apropiadamente, esta opción es llamada aniquilamiento (5). Para el creyente en el infierno, el principal problema con el aniquilamiento sería que, aunque puediera tener cierto apoyo de la Biblia, parecería ser una lectura menos plausible de las escrituras que la visión tradicional. Además, el aniquilamiento requiere que uno olvide la creencia tradicional de que todas las almas existen eternamente.
B. Suavizar el infierno
Tal vez el infierno no sería tan malo si no hay latigazos eternos, ni arrancaduras de dientes, ni llamas inapagables. Un lugar solitario quizá, tal vez hasta desagradable, pero no algo intolerable ni de pesadillas. En Great Divorce de C.S. Lewis los condenados experimentan dolores emocionales pero siguen teniendo la oportunidad de ir al cielo. La visión del infierno de Jean-Paul Sartre es una situación social inescapable y desagradable en su obra No Exit la cual es un ejemplo de una visión secular. Que la versión ligera del infierno no se encuentre en la biblia difícilmente necesita señalarse; es más, uno debe preguntarse, ¿para que seguimos teniendo alguna noción del infierno?
C. Sin infierno o el infierno como una posibilidad vacía.
Una alternativa más radical es ya sea negar la existencia de un infierno tradicional o decir que aunque es una posibilidad, de hecho nadie acabará realmente ahí porque todos serán salvados. Esta posición se conoce como universalismo (6). El universalismo tiende a aceptar el argumento de que la justicia se basa en una o las dos siguientes líneas de argumento: 1) Gracias al amor, la bondad y la omnipotencia de dios todos los pecadores eventualmente se reconciliarán con él; 2) No es posible rechazar libremente a dios sólo porque tal ‘opción’ no sea coherente (7). El problema con el universalismo, desde una perspectiva religiosa, es que casi no tiene el apoyo de una escritura sagrada siendo más un rechazo de la doctrina del infierno que sólo una reinterpretación. D. Culpen al pecador
Todo lo que están dispuestos a hacer los teístas para racionalizar sus creencias es apreciado muy bien aquí. Algunos dicen que todos los pecadores continúan pecando en el infierno ad infinitum y por esto merecen castigo eterno (8). Me parece que se opone radicalmente a lo que sé de los seres humanos y requiere una voluntad perversa para atribuir lo peor a los no creyentes. Los condenados, uno oye, serán eternamente obstinados, malvados, orgullosos o rencorosos de dios si simplemente se niegan a arrepentirse. Los problemas con esta visión son: 1)la razones por las cuales la gente rechaza a Dios son más complejas de lo que esta perspectiva supone y pueden incluir duda genuina, ignorancia y perplejidad sobre el teísmo y son compatibles con la integridad intelectual y la decencia moral (aún la excelencia moral) (9); 2) aun algunas personas que rechazan a dios por motivos menos nobles y razones menos convincentes se arrepentirían después de sufrir los tormentos del infierno. El dolor extremo es muy convincente. ¿Por qué dios no les daría otra oportunidad?
Una variante de esta categoría ‘culpen al pecador’ es la de enfatizar que el infierno no es castigo por el castigo sino más bien el terrible resultado de elegir libremente rechazar a Dios (10). Un serio problema de esta visión es el de como concordar con los muchos pasajes bíblicos que claramente indican que el infierno es un castigo para el pecado. Igualmente problemático es el hecho que señalé antes, que las decisiones humanas sobre la religión se toman en una situación epistémica más complicada de lo que algunos teístas suponen. Es posible rechazar a dios sin tener culpas (11). ¿Por qué dios no reconocería esto? Aún más, como los proponentes del universalismo afirman, no está claro siquiera si es posible rechazar libremente a dios si ese rechazo significa una condena eterna. ¿Cómo alguien racionalmente escogería una eternidad de miseria si supiera las implicaciones de rechazar a dios? Si la opción es tan clara y simple como muchos teístas la pintan, ¿qué motivo podría tener alguien de escoger al infierno en vez de la reconciliación y la comunión con dios? (12)

III. ALTERAR EL CONCEPTO DE JUSTICIA
Esta opción básicamente dice, “Rechazo pensar por mí mismo. Si dios dice que toda la bola de la humanidad merece un tormento terrible y eterno, que así sea.” Rara vez se pone así de duro y normalmente está adornado con palabras aliviantes para eludir la conciencia e inteligencia de uno. “¿Quiénes somos para juzgar lo bueno de lo malo, la justicia de la injusticia? ¿Quiénes somos para estar en desacuerdo con dios?” (13). El teísta intelectual podría refugiarse en la teoría de la orden divina de la moralidad. Según esta visión, las órdenes de dios por sí mismas determinan la naturaleza de la moralidad; no existe una ley moral anterior a sus órdenes (14). En otras palabras, el ‘dios-dice’ determina que las cosas estén bien o mal. Lo que sea que dice está bien, está bien y lo que dice que está mal, está mal y nada además del ‘dios-dice’ hace que las cosas estén bien o mal.
Desafortunadamente para esta teoría, surgen varios problemas fatales. Primero, la teoría de la orden divina es un callejón sin salida de tipo filosófico y se ha descartado desde hace tiempo. Nos lleva a la arbitrariedad de la moralidad y tiene consecuencias terribles como la que si dios dijera que torturar bebés por diversión es moralmente aceptable, entonces así sería (16). Podrían replicar que dios nunca diría esto, porque dios es bueno. Sin embargo, para que esta reacción tuviera sentido, debería existir la bondad, que existe independientemente del ‘dios-dice.’ La teoría de la orden divina dice exactamente lo opuesto y sigue afirmando que, como Elliott Sober dice, “...dios hace una decisión arbitraria sobre lo que dice, pero el ‘dios-dice’ crea un hecho ético” (17). Esta es claramente una visión inaceptable de la moralidad.
Segundo, sólo los que no tienen conciencia ni compasión pueden tener congruentemente está visión. Les pediría que fueran congruentes y reformaran nuestros sistemas de justicia para que los castigos por crímenes sean más duros y sin compasión; después de todo, esto es lo que su versión de justicia divina parece requerir (18). Para esto podrían responder, “No somos dios. dios es perfecto y dispensa justicia perfecta. Somos imperfectos y podemos tener errores y por lo tanto no debemos castigar como dios lo hace.” A esto les respondo: no están siendo congruentes. La razón primaria de que la gente rechaza castigos crueles y terribles no es por la falibilidad humana, sino porque son injustos.

CONCLUSIÓN
Las opciones que he señalado parecen ser las principales posibilidades del infierno. Todas ellas son inaceptables. He tratado de mostrar que esto no es un mero problema académico —está en la raíz del cristianismo y el islam tradicionales, por nombrar dos ejemplos prominentes (19). Parece haber sólo dos opciones para el creyente del infierno: ya sea aceptar el concepto tradicional del infierno y los muchos problemas reales que esto conlleva o salirse de las raíces de la fe de uno y adoptar una de las pseudo-soluciones que señalé anteriormente. Existe, por supuesto, una tercera opción, que es decir “¡Al infierno con el infierno!” y rechazar a las religiones donde sea una parte esencial. Como humanistas que no tenemos necesidad o deseo de un concepto del infierno, creo que debemos hacer justo eso.

Notas
1. “Why I am Not a Christian” en Bertrand Russell on God and Religion, Al Seckel ed. (Amherst NY, Prometheus Books, 1986), p67.
2. No estoy suponiendo que el concepto o la doctrina del infierno haya sido uniforme o sin cambios. Estoy más bien describiendo esl concepto dominante como ha sido afirmado y enseñado dentro de la cristiandad e incidentalmente, algunas otras religiones, como el islam. Ver nota 19.
3. Los católicos han sido más coherentes al señalar que existen varios grados de castigo en el infierno que los protestantes. Ver ‘hell’ en The Catholic Encyclopedia, Charles George Herbermann ed. (Nueva York: Robert Appleton Co. 1907-12). Disponible en línea en el webiste de New Advent, www.newadvent.org/cathen/07207a.htm.
4. El locus classicus para este argumento es “Health and the God of Justice” de Marilyn McCord Adams, Religious Studies 11I, 433-447 (1975). Ver también Jonathan L. Kvanvig, The Problem of Hell (Nueva York, Oxford University Press, 1993).
5. Un aniquilador prominente es Clark H. Pinnock. Ver su “The Fire That Consumes” en Four Views of Hell ed. William V. Crockett (Michigan, Zondervan).
6. John Hick, Death and Eternal Life (Londres, Collins, 1976); idem, Evil and the God of Love (Nueva York, Harper and Row, 1966); Thomas Talbott, “The Doctrine of Everlasting Punishment,” Faith and Philosophy 7, 19-42 (1990); e idem, “Providence, Freedom, and Human Destiny,” Religious Studies 26(2), 227-246 (Junio 1990).
7. Hick desarrollo el argumento anterior especialmente en Death and Eternal Life op cite y Thomas Talbott presenta el siguiente particularmente en “The Doctrine of Everlasting Punishment,” op cite.
8. David Moore, The Battle for Hell: A survey and Evaluation of Evangelical’s Growing Attraction to the Doctrine of Annihilationism (Lanhan MD, University Press of America, 1995); Charles Seymour, “Hell, Justice and Freedom,” International Journal for Philosophy of Religion 43, 69-86 (1998).
9. Shawn Dawson, “Excuses for Unbelief,” Free Inquiry (próximamente).
10. Charles Seymour, op cit, toma esta posición y mucho otros defensores del infierno tienen opiniones similares, tales como Jonathan L. Kvanvig, op cite, y Richard Swinburn, “A Theodicy of Heaven and Hell” en The Existence and Nature of God, ed. Alfred J. Freddoso (Notre Dame IN: University of Notre Dame Press, 1983).
11. Dawson, op cite.
12. Tal bott, “The Doctrine of Everlasting Punishment,” op cite. Un candente debate ha ocurrido entre William Lane Craig y Talbott. Ver la nota 6 y Talbott, “Craig on the Possibility of Eternal Damnation,” Religious Punishment 28(4), 495-511 (Dic. 1992). Para ver la versión de Craig, “Talbott’s Universalism,” Religious Studies 27(3), 297-309 (Sept. 1991), y “Talbott’s Universalism Once More,” idem 29(4), 497-519 (Dic. 1993).
13. Aunque no utiliza exactamente estas palabras, creo que resumen acertadamente la posición de David Moore (op cite).
14. William Lane Craig, “The Indispensability of Theological Meta-ethical Foundations for Morality.” Foundations 5, 9-12(1997). Disponible en línea en el website de Leadership U, www.leaderu.com/offices/billcraig/docs/meta-eth.html.
15. Esta forma de presenta la teoría de la orden divina en términos de ‘Dios-dice’ se debe a Elliot Sober, Core Questions in Philosophy, 3ra. ed. (Nueva Jersey, Prentice Hall, 2001).
16. Theodore Shick, Jr., “Morality Requires God... Or Does It?”, Free Inquiry 17(3), Verano 1997. Disponible en línea en el website del Council for Secular Humanism, www.secularhumanism.org/library/fi/schick_17_3.html.
17. Sober, op cite, p 424.
18. No sólo se puede mencionar al infierno aquí, pero también las muchas instancias de castigo cruel e inhumano que Dios parece condonar o sancionar en la Biblia.
19. Evidencia de que el Islam acepta la doctrina tradicional del infierno es el siguiente pasaje. Una traducción de Qur’an 98:6 dice: “Aquellos que no crean (en el islam) el Qur’an y al Profeta Mahoma (Paz en su nombre) de entre la gente de las escrituras (judíos y cristianos) y el Al Mushrikun (paganos) terminaran en el Fuego del Infierno. Son las peores de las creaturas. Ver, www.unnn.ac.uk/societies/islamic/.


Pubicado en Humanist in Canada. No. 141. Verano, 2002.
Traducido por Mario Méndez L.

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