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¿EXISTE
DIOS?
Dr.
Serafín Mercado
Investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM
Todas
las culturas han creado religiones, han creído en algún
tipo de seres sobrenaturales; los dioses, e incluso algunas de estas
religiones han sido monoteístas, planteando la existencia de
un solo dios. Sin embargo, si en lo general las religiones, todas, tienen
mitos que les son comunes, como la explicación del origen del
mundo y el universo, el origen de la vida y, fundamentalmente, el origen
y naturaleza del hombre y, hasta donde yo se, todas han postulado un
alma y una vida más allá de la muerte como forma de dar
cuenta de la conciencia y para explicar y atenuar la terrible experiencia
de la muerte; en lo específico han sido muy disímiles
tanto en la naturaleza y número de los dioses como en los atributos
de estos, su ubicación y sus poderes; siendo así que la
explicación de los orígenes del universo, de la tierra,
de la vida y del hombre han sido distintas una de otra, siendo cada
una un relato particular, surgido de la peculiar solución lograda
por la cultura en cuestión.
En este artículo me centraré en la versión de origen
judaico que predomina en occidente, es decir, el cristianismo en todas
sus variantes y el judaísmo mismo, con objeto de analizar la
naturaleza de estas creencias y de su compatibilidad con el conocimiento
científico y la reflexión filosófica actuales;
aunque este análisis es válido en principio para cualquier
otra religión. El centrarnos en este subconjunto es por ser más
conocido tanto para los lectores como para el autor.
Tenemos evidencia arqueológica e histórica de que el hombre
siempre ha querido hacer sentido del mundo. La conciencia expandida
que evolucionó al desarrollarse el gran y complejo cerebro que
tenemos, la conciencia ampliada de uno mismo, del tiempo presente, pasado
y futuro y la posibilidad de manejar la realidad en términos
de categorías y relaciones categóricas, entre ellas, sobresaliendo
las relaciones de causa y efecto, hizo que no sólo buscara adaptaciones
y soluciones a los problemas de supervivencia, sino explicaciones a
todo lo existente, incluyéndose a sí mismo. La cultura,
hija del lenguaje y madre de la historia humana,
hizo posible la acumulación de observaciones, explicaciones y
prácticas sociales que permitieron un cierto grado de consenso
en cada cultura acerca de la naturaleza y origen de las cosas, consenso
que quedó imbricado en la estructura político-económica
de esos pueblos. Ciertas versiones de la explicación quedaron
sancionadas por las autoridades políticas y religiosas, las cuales
frecuentemente eran las mismas o estaban muy relacionadas entre sí.
Con la aparición de la escritura en sus diferentes formas aparecieron
los libros sagrados: La Biblia, el Popol Vú, los Vedas, el Corán,
etc., aunque en la mayoría de los pueblos la transmisión
de estas "verdades" fue simplemente oral.
La interrogación que me planteo aquí es, dado lo reiterativo
de la pregunta y la similitud de la respuesta, ¿habrá
algún tipo de verdad detrás de las explicaciones religiosas?.
Evidentemente, estas explicaciones son todas dadas antes del descubrimiento
del método científico y de su aplicación masiva
al análisis de la realidad en todos sus ámbitos. Este
método es quizá el aporte cultural más importante
de occidente, descansa en la capacidad analítico sintética
de Homo, en su lenguaje y en el descubrimiento de los multiplicadores
de este: la escritura, la imprenta y ahora la computadora y las redes
de cómputo. Su fundamento es simplemente el requerimiento de
un análisis crítico de las ideas ante la realidad y en
relación a su coherencia. Se busca lograr métodos precisos,
cuantitativos y un lenguaje sin ambigüedades; así como procedimientos
que permitan ahondar en la naturaleza de los fenómenos, más
allá de la apariencia superficial. En la actualidad la aplicación
del método científico ha permitido dar explicaciones congruentes
con la evidencia acumulada y coherente tanto internamente como con otras
teorías científicas, en términos de la lógica,
lo que ha permitido dar respuesta a casi todas las preguntas abordadas
por las diferentes religiones, siendo este conocimiento el modo de descalificar
los mitos religiosos, no sin lucha y sangre, por la enorme reacción
político religiosa a las implicaciones de estas nuevas visiones.
Ahora contamos con una teoría heliocéntrica muy bien sustentada
empíricamente y con enorme coherencia interna con otros cuerpos
de conocimiento. De acuerdo con ella la tierra no es el centro del universo,
sino tan solo un humilde planeta de tamaño intermedio que gira
alrededor de una estrella no muy espectacular. Esta teoría esta
contenida en una visión más general del universo, su naturaleza,
su dinámica y su evolución formado de un número
nunca soñado
por los antiguos judíos de estrellas y galaxias. Esta explicación,
apoyada en un mar de evidencia acumulada durante siglos de observación
y experimentación, no sólo astronómica, sino física,
química y de ciencias de la Tierra misma, la cual le da una enorme
credibilidad. Esta perspectiva está en desacuerdo con las explicaciones
mitológicas de todas las religiones que conozco y en específico
con la tradición judaico-cristiana de occidente.
El origen del universo data de unos miles de millones de años,
cuando se da el Big Bang (La Gran Explosión) y se supone que
la Tierra, al igual que el Sol y los otros planetas se formaron de polvo
interestelar hace unos 4600 millones de años. Hay dudas acerca
de si el Big Bang no implica colapsos previos de la materia, de los
cuales los hoyos negros (concentraciones de materia tan densos que ni
la luz puede escapar) son tal vez el principio de uno nuevo o si la
materia solamente explotó una vez. La vida empieza hace unos
3500 millones como un proceso químico en el que por azar se llega
a formar una molécula capaz de reproducirse a sii misma, usando
componentes más básicos. Desde ese momento empieza la
evolución de la vida hasta llegar a como la conocemos ahora.
La vida ha quedado elucidada como un proceso fundamentalmente químico
y su evolución, explicada por el proceso de selección
natural, lo que se ve atestiguado por la enorme acumulación de
evidencia de fósiles que han podido ser fechados con muy diversos
métodos, pudiéndose seguir con bastante detalle el rastro
de los cambios evolutivos de las especies hasta nuestros días.
El origen del hombre es un caso especial, pues en todas las mitologías
religiosas él ocupa un lugar privilegiado, distinto al de plantas
y animales y que implica un estatus diferente, ignorando las características
similares entre nosotros y otros animales y el increíble parecido
que tenemos con gorilas y chimpancés, no sólo anatómico,
fisiológico y conductual, sino genético. Estas propuestas
van contra la sólida evidencia acumulada acerca de la evolución
del hombre mismo, la cual hace patente nuestra procedencia animal y
nuestra pertenencia a la naturaleza, sin un estatus especial; así
pues las cuestiones fundamentales relacionadas a los orígenes
quedan explicadas por la ciencia; exégesis que en nada coincide
con el Génesis bíblico, por ejemplo.
Por otra parte, la vida queda aclarada como un fenómeno físico-químico,
más químico que físico. También vemos que
la ciencia aporta evidencia contundente de que la mente es un producto
de la actividad del sistema nervioso y que el tamaño y complejidad
del cerebro humano da cuenta de sus extraordinarias capacidades cognoscitivas.
Vemos como se han ido develando los procesos de percepción, memoria,
consciencia, pensamiento, emociones, deseos, volición y conducta.
Actualmente la evidencia es impresionante en el sentido de que nuestra
experiencia y conducta son consecuencia de la función de integración
ecológica del sistema nervioso animal.
De esta manera se da un golpe letal a las teorías del alma inmortal
y su relación con la vida eterna y la idea de un dios o dioses.
La sociedad humana y la cultura vienen a ser explicadas como consecuencia
de la peculiar forma de evolución de Horno Sapiens, y las implicaciones
éticas de la religión pasan a ser formas de imposición
política de normas vigentes para un período y convenientes
para un grupo hegemónico.
Esto ha contestado la pregunta del origen del universo, del origen y
naturaleza de la vida y del origen del hombre. El documentar esto con
mayor acuciosidad no es tarea de un artículo, sino de muchos
volúmenes muy gruesos; pero el lector se puede remitir a una
gran variedad de síntesis para la divulgación científica
que le podrían dar un cuadro más detallado y repleto de
evidencias para secundar lo aquí aseverado.
También encontramos que hay un factor que hace sumamente atractiva
la religión, como es el hecho de que al crear almas inmortales
y una cohorte de dioses, santos (politeísmo disfrazado) y sacerdotes,
los que hacen posible invocar el poder divino. Es muy reconfortante
para Homo creer que hay una fuente externa de poder que lo protege de
los males y peligros y que le concede privilegios si se le propicia
adecuadamente. Sin embargo no hay evidencia de que los creyentes estén
más protegidos del mal que los no creyentes, sino al contrario
y de que la mediación de Dios y su cohorte de santos, ángeles,
etc., en realidad rompa las leyes de la naturaleza. La credulidad implica
un rezago respecto a la inteligencia científica contemporánea
y una actitud acrítica que permite aceptar como hechos meros
accidentes y patrañas.
Así, de la amplia cobertura explicativa de la idea de Dios como
creador y manipulador del universo y sus habitantes, queda tan solo
el problema de los orígenes de todo.
El
problema de los orígenes radica en una limitación cognoscitiva
producto de la peculiar experiencia humana. Homo produce una gran cantidad
de artefactos, los cuales tienen su origen en la extraordinaria capacidad
planeadora y transformadora de nuestra especie. Una mesa, por ejemplo,
es producida al cortar el tronco de un árbol (o de varios), del
cual se sacan tablas, las cuales son cortadas y rebajadas para conformar
las diferentes partes de una mesa,las cuales, unidas entre sí con
taquetes, clavos, tornillos y pegamentos, forman el mueble como un todo,
para después ser lijado y pintado o barnizado con objeto de darle
la apariencia que nos apetece. La mesa como tal tiene origen en la idea
y actividad de su o sus creadores. Sin embargo, en realidad la mesa no
es más que un tronco de árbol modificado y adicionado de
otros elementos, una reorganización espacial de la madera del tronco
de un árbol. A pesar de ello, nosotros generamos una expectativa
de que todo lo que vemos tuvo que ser creado por alguien.
Un principio básico de la naturaleza es que materia y energía
no se crean o se destruyen, solo se transforman, incluso entre sí.
Así la idea creacionista viene de la miope perspectiva de observar
que nosotros manufacturamos objetos múltiples y que los animales
y plantas nacen y consideramos que el origen de todo es una manufactura
inicial por un ser especial. No se toma en cuenta que la creación
natural de nuevos seres es tan solo transformaciones espacio temporales
de materia y energía ya existentes, todo dentro del marco de las
leyes naturales. Además, esta solución tiene un problema
fundamental, que si atribuimos a un creador el origen del universo y de
todo lo en el existente, incluyendo las leyes que le rigen y hemos descubierto,
entonces, surge la pregunta de ¿quien creó al creador?
Las soluciones han sido diversas a este dilema. Una es que el creador
se autocreó; pero esta no resuelve nada, ya que no es concebible
que algo que no existe cree algo. A lo más considero esta solución
como una tomadura de pelo de uno de los sistemas religiosos más
autoritarios. La segunda es que Dios es infinito. Sin embargo es más
simple y sin complicaciones considerar la posibilidad de que el universo
en sí sea infinito y no necesitamos agregar una complicación
más como la de implicar a Dios. Aunque es necesario explicar el
Universo y sus leyes, si metemos a dios, es mucho más complejo
explicarlo a él a su vez. El cerebro humano es el ente más
complejo que hemos descubierto en el universo, superado solo por la sociedad,
que es una estructura de cerebros en interacción y por el Universo
mismo,
que los contiene a los dos; podríamos suponer que Dios es mucho
más complejo que eso.
Un problema en esta visión es el hecho de que equiparamos las leyes
científicas a las leyes de la sociedad humana. Estas últimas
son el producto de la imposición de normas emergidas de la necesidad
de regular las relaciones sociales, a través de los sistemas jurídicos,
que hacen posible la preservación del grupo y su funcionamiento
y el estado de cosas actual en la sociedad, generalmente conservando el
estatus y privilegios de los grupos en el poder. Las leyes naturales en
realidad son simplemente conjeturas acerca de las regularidades causales
que se dan en la naturaleza, y estas no tienen por que haber sido dictadas
por nadie ni impuestas, simplemente son y nosotros las descubrimos.
Ante estos argumentos, la idea de Dios no sólo no resuelve el problema
del origen, que sin lugar a dudas no está resuelto aún,
sino que lo dificulta más, creando un problema de regresión
infinita (El creador que crea al creador, que crea al creador, ... ),
o la introducción de elementos que en realidad no aportan nada
a la solución y que, por lo tanto, son inútiles. Vemos la
naturaleza esencialmente irracional de esta postura al obtener una respuesta
contundente a este tipo de reflexiones: "Todo es cuestión
de fe", es decir, se exige creer acríticamente.
Podemos ver que la idea de Dios es un atavismo cultural que se mantiene
por lo pequeño o nulo que es el conocimiento y comprensión
por la población mundial en general de la ciencia y sus implicaciones,
siendo el conocimiento científico compartido tan sólo por
élites académicas, incluso muchas veces aún a esos
niveles, parcializado por la especialización. Esto hace ver lo
necesario de la formación de una cultura científica general
en la población como base de una inteligencia social. Esto es básico,
pues es perfectamente reseñado en la historia el surgimiento de
prácticas irracionales, autoritarias e incluso genocidas en ciertas
épocas de la historia de los pueblos, que fueron razón de
conflictos, derramamiento de sangre y para el estancamiento del progreso
cultural.
También vemos a los diferentes mitos religiosos y sus textos como
la preservación de un pensamiento que ha sido superado contundentemente
por el método crítico de la ciencia y por
la evidencia que la sustenta. Mitos como los de la creación y de
Adán y Eva se enfrentan fútilmente a lo que conocemos acerca
de la naturaleza y el origen de la vida y en especial del hombre. Vemos
que la Biblia, a pesar de ser la supuesta revelación de Dios al
hombre, no menciona nunca la existencia de otros continentes, de muchas
especies animales y vegetales desconocidos para los judíos de esa
época, de la naturaleza atómica de la materia, de las partículas
subatómicas, de energías desconocidas como el magnetismo
y la electricidad, por no mencionar la energía atómica.
No se mencionan virus y bacterias ni su papel en la patología o
el papel del sistema nervioso en la consciencia, la conducta y las emociones.
Podemos tomar un ejemplo más, aunque en realidad toda la Biblia
se encuentra plagada de casos similares. En la Biblia se menciona el caso
de un "Diluvio Universal", del cual, por cierto, no existe evidencia
geológica. Después de cierto tiempo de la creación
y todo lo demás que siguió, Dios está muy enojado
porque los hombres son muy malos. El omnisapiente Dios, que no puede cometer
error alguno, se arrepiente de haber creado al hombre y la vida. Sin embargo,
en un arranque de piedad, él recurre a Noé y su familia
para salvar la vida en el mundo. Dios ordena a Noé que construya
un arca y que la llene con una pareja de animales de cada especie.. Si
Noé construyó el arca de las dimensiones especificadas en
la Biblia, trescientos codos de longitud, cincuenta de anchura y treinta
de altura, sin duda no habrían cabido allí todas las especies
terrestres que hoy conocemos y de las cuales no tenían idea los
judíos en esa época.. Su lista es sorprendentemente: 20
de las aves, de las bestias (supongo mamíferos) y de los reptiles
según su especie; no menciona batracios, insectos, gusanos y especialmente
los microbios, que sin duda desconocían. Tan sólo de los
mamíferos existen alrededor de 6,000 especies conocidas. El problema
no es solo del tamaño, en la Biblia no solo no se menciona que
se salvaran las plantas terrestres, las cuales hubiesen perecido, lo cual
muestra la ignorancia biológica de la época, sino que no
se considera lo que los animales comerían y beberían en
el transcurso, el que los carnívoros habrían devastado a
sus presas habituales y, por supuesto, no se consideró el efecto
de la reproducción de las especies. Por lo tanto, Noé y
su arca no son más que una hermosa leyenda y una forma muy efectiva
de inducir el temor a Dios, pero no corresponde en lo más mínimo
a la realidad.
En conclusión, las ideas de las religiones y de Dios (o los Dioses)
son el producto de una etapa
de desarrollo cultural de la humanidad, completamente invalidado por los
desarrollos de los cuatro o cinco últimos siglos de ciencia. Que
la idea de Dios no aporta nada a la solución de los problemas,
sin duda aún irresueltos, acerca de los orígenes del universo.
Creo que podemos prescindir de la idea de Dios con grandes ventajas para
el pensamiento filosófico y el avance del conocimiento científico.
La religión, en su época, fue un buen intento para explicar
el mundo, el universo, la naturaleza, la vida y al hombre, su sociedad
y su cultura. Ahora no se sostiene ante el embate del conocimiento científico.
Las explicaciones religiosas fueron adueñadas por las clases en
el poder y distorsionadas para detentar, justificar y legitimar ese mismo
poder. También ha sido origen de muchos conflictos humanos, incluyendo
innumerables guerras en la historia humana. Creo que es un buen momento
para tratar de rebatirlo, idea de algunos de los pensadores tras las Revoluciones
Francesa y Marxista. Sin embargo, creo que esto no se logrará sin
una buena educación científica como respaldo y un gran valor
ante las fuerzas e intereses reaccionarios detrás de la religión.
La educación elemental y media son el pilar sobre el cual hay que
erigir la nueva consciencia, la nueva inteligencia social.
Pubicado
en Razonamientos No. 7 (impreso).
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