LO ABSURDO DE LA VIDA CRISTIANA


Prof. Michael Martin

Los apologistas cristianos han argumentado que la vida es absurda sin el Dios cristiano (1). He mostrado en otros lados que los intentos de hacer ver el ateísmo como algo dedicado a lo absurdo de la vida no tiene fundamentos (2). Pero los apologistas también asumen sin argumento que si el cristianismo es aceptado, la vida no es absurda. ¿Es esto así? En este papel yo diría que no. Al retar esta opinión no sólo utilizaré nuevos argumentos sino emplearé argumentos no teistas de diversas maneras. El fin de mi discusión será que, cualquiera que sea el caso del ateísmo, la vida cristiana es absurda.

El significado de absurdo.
¿Qué significa suponer que la vida es absurda? Comencemos con la definición del diccionario. Según el American Heritage Dictionary el significado principal del término en inglés “absurd” cuando es usado como adjetivo es “ridículamente incongruente o irrazonable.” Así que en este sentido, decir que la vida es absurda es decir que la vida es ridiculamente incongruente e irrazonable.
Sin embargo, los filósofos han construido versiones más elaboradas de lo absurdo. Por ejemplo, Albert Camus (3) mantuvo que lo absurdo de la existencia humana está en función de dos cosas: las expectativas de los seres humanos y la realidad que encuentran. Los seres humanos esperan vivir en un mundo que es racional y unificado. Esta tensión entre expectativas y realidad genera lo absurdo de la existencia. Las propias expectativas de Camus de que el mundo fuera racional y unificado eran altas. Así, él sostiene que:


Si el hombre viera que el universo así como él puede amar y sufrir, se reconciliaría. Si el pensamiento descubre en los fenómenos relaciones eternas capaces de unirse en un solo principio, entonces viviría un goce intelectual tal que el mito de los benditos sería meramente una imitación ridícula. Esa nostalgia por la unidad, este apetito por lo absoluto ilustra el impulso esencial del drama humano. Sin embargo, la existencia de esa nostalgia no implica que vaya a ser satisfecha inmediatamente. Para ello hay que construir un puente que una al deseo con la conquista. Coincidimos con Parménides en cuanto a la realidad del Úno (lo que pueda ser), cuando cae en la ridícula contradicción de una mente que coincide con una unidad total tratando de probar por ello su propia diferencia y diversidad (4).


En este pasaje Camus parecía afirmar que hay por lo menos tres diferentes aspectos en que el universo decepciona a la expectativa humana (5). Primero, no es una criatura sensible que pueda amar y sufrir. Además, no podemos sumar todo lo que descubrimos sobre la realidad en un mismo principio. Y finalmente, queremos que el universo sea parmenidiano y aún así nos damos cuenta de que nuestras mentes no son parte del Úno.
Thomas Nagel ha dado distintas razones de lo absurdo de la existencia humana (6). Ha argumentado que la percepción de lo absurdo viene de “la colisión entre la seriedad con que tomamos nuestras vidas y la posibilidad perpetua de considerar todo lo que consideramos serio como arbitrario, o abierto a la duda (7).” Aunque como seres humanos tomamos en serio nuestras vidas, es posible tomar otro punto para ver mejor las cosas, fuera de nosotros. A diferencia de los animales y las cosas inanimadas, trascendemos nuestra propia perspectiva limitada y vemos nuestras vidas en una perspectiva eterna.. Desde esta perspectiva, dice Nagel, todo lo que hacemos parece ser arbitrario. Aún así esta habilidad de poder tener esta perspectiva no nos desanima y “ahí yace lo absurdo: no en el hecho de que tal visión externa se pueda quitar, sino en el hecho de que nosotros la podemos tener sin dejar de ser personas cuyas preocupaciones primordiales son tomadas tan a la ligera(8).”

Lo absurdo de la vida cristiana
¿Es la vida absurda -de acuerdo al significado del diccionario, ridículamente incongruente e irrazonable- si el cristianismo es aceptado? Me parece que la respuesta es ‘sí’ en función a criterios críticos al cristianismo. Vivir la vida de uno como cristiano está llena de incongruencias, entre las cuales están:


1. No hay una versión cristiana consistente de cómo los humanos -se supone- deben ser salvados, aunque ésta sea su práctica más urgente. Es absurdo que el fin del cristianismo sea la salvación humana y aún así la doctrina cristiana no explique claramente cómo debe ser hecho. En realidad, existen por lo menos cuatro ideas conflictivas de cómo salvarse sugeridas por los credos, los evangelios y las epístolas de Pablo (9). La primera, presentada en los evangelios sinópticos, es que uno es salvado al seguir un estricto código ético que va más allá de las leyes judías. El segundo, el cual también está presentado en los evangelios sinópticos, es el que uno se salva al hacer grandes sacrificios al seguir a Jesús. El tercero, establecido tanto por Pablo como por Juan, es que uno se salva al tener fe en Jesús. Pablo parece suponer que esto es suficiente y necesario sólo para los que nacieron después de la llegada de Cristo. El cuarto, sugerido en las cartas de Pablo, es que uno pudo haber sido salvado antes de que llegara Cristo al seguir las leyes judías. El primero, segundo y cuarto camino hacia la salvación implican trabajar para conseguirla, mientras en el tercero se necesita únicamente la fe. Ciertamente el tercer camino es el más comúnmente asociado con la cristiandad. Sin embargo, no queda claro qué se necesita además de creer. Aún cuando uno se concentre sólo en la dimensión cognitiva de la fe existen puntos no muy claros. Los credos parece que demandan el tipo de creencia que define la cristiandad ortodoxa, es decir, todo, desde el nacimiento virgen hasta la Segunda Llegada, de la resurección a la encarnación. Por otro lado, Juan sólo parece pedir creer en la encarnación mientras que Pablo en la resurrección. Ni Pablo ni Juan exigen creer en el nacimiento virgen o en la Trinidad.


2. Existe una seria incongruencia entre el típico deseo del cristiano de ir al cielo y la injusticia sin sentido de la que se habla. En primer lugar, la noción de la existencia humana en el cielo —ya sea en cuerpo o sin él— es conceptualmente ininteligible. Segundo, sigue siendo un misterio cómo los habitantes del cielo puedan tener libre voluntad y presumiblemente no tener equívocos morales. Tercero, la tesis del anti-universalismo de que no todos serán salvados es injusta, dados los requerimientos no claros para salvarse, donde el universalismo parece no tener sentido. Y finalmente, muchos de los pasajes en la Biblia que se refieren al cielo lo describen como un lugar donde hay guerra, sufrimiento, violencia, inequidades sociales e injusticia social(10). Esto, a pesar del hecho de que ir al cielo es el objetivo principal de la vida cristiana y que se sostiene como el fin de un deseo infinito. La idea del cielo es profundamente problemática tanto conceptual como éticamente(11).


3. Otra incongruencia es que la teoría de la ética cristiana que se encuentra en el Nuevo Testamento parece irrelevante o indefendible para muchas personas moralmente sensibles, incluyendo muchos cristianos contemporáneos. Aún así esta teoría se supone es la base de la vida moral cristiana. Las promesas de Jesús de otro mundo, su rigidez, su demanda de obediencia ciega, su vengatividad, sus trucos para seguirlo no sólo son moralmente inaceptables sino contradicen la afirmación de que él es moralmente perfecto(12). Más aún, su aprobación tácita de la esclavitud y sus confusas enseñanzas sobre la pobreza hacen de Jesús un inapropiado modelo ético.
Consideremos la esclavitud con mayor detalle. Aunque su práctica era común en el propio mundo de Jesús, no existe evidencia de que la criticara. Como Morton Smith afirma:


Había un enorme número de esclavos del emperador y del Estado romano; el Templo de Jerusalén era dueño de esclavos; los altos mands sacerdotales tenían esclavos (uno de ellos perdió una oreja en el arresto de Jesús); todos los ricos y casi toda la clase media poseía esclavos. Hasta donde nos han dicho, Jesús nunca atacó esta práctica. Tomó las cosas como eran y moldeó sus enseñanzas según esto. De la manera en que Jesús presentaba las cosas, el principal problema de los esclavos no era liberarse, sino ganar la adoración de su amo. Parece que hubo revueltas de esclavos en Palestina y en Jordania durante la juventud de Jesús (Josephus, Bellum 2:55-56); un líder de esa revuelta que hiciera milagros hubiera atraído a muchas personas. Si Jesús hubiera denunciado la esclavitud o prometido la liberación de los esclavos, seguramente hubiéramos oído de esto. No oímos nada, así que lo más probable es que nunca haya dicho nada(13).


Además, si Jesús se hubiera opuesto a la esclavitud, lo más probable es que sus primeros seguidores hubieran continuado sus enseñanzas sobre el asunto. Sin embargo, Pablo (1Cor. 7:21,24) y otros escritores cristianos les dijeron a los cristianos que continuaran con la esclavitud (14). Es absurdo entonces para alguien que tácitamente aprobó la esclavitud representar el ideal moral cristiano.
Aún si pasamos por alto estos problemas y nos concentramos en lo que es considerado por muchos la esencia de las enseñanzas de Jesús, específicamente, el mandamiento ‘Ama a tu prójimo’, existen problemas. La falta de claridad del mandamiento le permite ser interpretado de distintas maneras, algunas tienen implicaciones inaceptables y otras son tan vagas que es imposible diferenciar lo que este mandamiento implica. Por lo que es absurdo que el mandamiento ético por excelencia del cristianismo tenga tantos problemas.


4. Otra incongruencia es que no existe una teoría plausible de la resurrección; esto es, el por qué Jesús encarnó, murió en la cruz y resucitó (15). Aún así, sin esto la visión cristiana no tiene sentido y por ende la encarnación, muerte y resurrección no tienen razón de ser. Todas las teorías importantes de la resurrección tienen serios problemas. En particular, fallan en explicar porqué Dios sacrificó a su hijo para la salvación de los pecadores o hacen ver el sacrificio como algo arbitrario y sin sentido. Por lo tanto, no aportan una explicación adecuada de la encarnación, muerte y resurrección de Jesús. Para ilustrar más, pondré a su consideración una de estas posiciones: la teoría del rescate, la cual, durante aproximadamente los primeros mil años de la historia cristiana, fue la teoría más popular de la resurrección.

Arriba

Siguiente