Pensando claramente sobre los clones
Cómo el dogma y la ignorancia estorban


Richard Dawkins


Dawkins warns about the need to obtain more scientific information about cloning in order to avoid further misunderstandings and prejudices. He laments the growing presence on T.V. programs and radio broadcasts of “religious authorities” that show considerable ignorance on this matter yet exerts great influence on public opinion


La clonación ya ocurre por accidente; aunque no muy a menudo, pero lo suficiente para que todos conozcamos ejemplos. Los gemelos idénticos son verdaderos clones uno del otro, con los mismos genes. Así que el descubrimiento anunciado en Edinburgh no puede ser tan radical en sus implicaciones morales y éticas. Los fundamentos del cielo no tiemblan cada vez que nace un par de gemelos idénticos.
Sin embargo, existen dos inquietudes. Primera, la nueva técnica hace bebés duplicados de un adulto existente. Se podría clonar a Stephen Hawking por ejemplo y esto no es lo mismo que los gemelos de la misma edad. Segundo, la posibilidad de tener múltiples clones, regimientos de individuos idénticos marchando por miles. Vistos de cierta manera, estas dos nociones pueden parecer desagradables. Regimientos de pequeños Hitlers idénticos, marchando al redoble del tambor genético, es algo tan espantoso que no nos dejaría analizar la solución final del problema de “naturaleza o crianza”.
Pero, ¿se haría a sí mismo una confesión secreta? ¿No le encantaría ser clonado? Nunca lo había pensado antes, pero creo que a mí, sí. Esto no tiene nada que ver con la vanidad, pensando que el mundo sería un mejor lugar si hubiera otro yo después de que yo muriera. Es mera curiosidad. Ser como resulté ser habiendo nacido en los 40s, habiendo ido a la escuela en los 50s y madurado en los 60s. Es un pensamiento inquietante el que pueda ver una pequeña copia de mí, 50 años más joven y usando una gorra de béisbol en vez de un peluquín, criado durante las primeras décadas del siglo XXI. ¿No se sentiría como regresar tu propio reloj personal 50 años? ¿y no sería maravilloso aconsejar a su copia joven dónde le fue mal y cómo hacerlo mejor?
Poniendo a un lado estas fantasías, la clonación obviamente trae consigo algunas cuestiones difíciles. Supongamos que la sociedad logra que se pueda clonar a quien sea que pueda pagarlo. ¿Cómo entonces podríamos decidir a quién queremos clonar? Nadie ha dado una solución satisfactoria al problema de “jugar a Dios” (que surge cuando hay escasez de máquinas de riñones y los doctores son acusados de jugar a Dios cuando tienen que escoger qué vida salvar). ¿Los dilemas de clonación nos llevarían inexorablemente a otro comité de notables?
Creo que debemos tener cuidado del reflejo y la antipatía sin pensar que tememos a cualquier cosa “no natural”. Ciertamente la clonación es no natural. No nos hemos reproducido sin sexo por miles de millones de años. Pero lo no natural no es necesariamente sinónimo de malo. Es no natural leer libros, o viajar más rápido de lo que podemos correr, o bucear o volar. Es no natural traer ropa, pero lo hacemos. De hecho, la gente que más se escandaliza de la clonación humana es la misma gente que se escandaliza por la falta de vestimenta en los humanos.
La clonación puede ser buena y también puede ser mala. Probablemente es un poco de ambas. La cuestión no debe ser tratada con reflejo histérico sino decidida con cuidado de acuerdo con sus propios méritos. Necesitamos menos emoción y más pensamiento.

Trivializando el debate
Mucho de la discusión en los medios de comunicación, sin embargo, viene de aquéllos que ofrecen muy poco pensamiento. Lo que me ha intrigado es saber cómo funciona el proceso de selección en el cual eligen cuales personas participan en debates televisivos de estos asuntos tan delicados. Algunos de ellos son expertos en la materia, como uno esperaría y como es lo correcto. Otros son distinguidos académicos de la moral o filosofía legal, lo cual también es apropiado. Pero estas categorías de personas han sido invitadas por sus propios méritos debido a su conocimiento experto o a su probada habilidad de pensar inteligentemente y expresarse claramente. Los argumentos que intercambian son normalmente esclarecedores y recompensantes.
Pero existe otra categoría de invitado obligatorio. Está el inevitable “representante” de tal o cual “comunidad”; y, por supuesto, no debemos olvidar la “voz” de la “tradición” tal; para no andarse por las ramas, el grupo de cabildeo religioso. Grupos de cabildeo, en plural, debería decir, porque todas las religiones tienen su punto de vista y todas deben representar lo que sus respectivas “comunidades” quieran. Esto tiene el efecto incidental de multiplicar el número de personas en el estudio, con el consecuente consumo, si no es que pérdida de tiempo. También tiene el efecto de bajar el nivel de inteligencia. Esto no es de extrañarse, ya que estas personas no fueron escogidas por sus propias calificaciones en el campo, o como pensadores, sino simplemente porque representan a un grupo particular.
Recientemente he sostenido discusiones públicas sobre clonación con varios líderes religiosos prominentes y no ha sido nada constructivo. Uno de los más eminentes de estos, alguien que recientemente fue elevado a la Cámara de los Lores, tuvo un inicio prometedor al rehusarse a saludar de mano a las mujeres del estudio, aparentemente por temor a que pudieran estar menstruando, estar “sucias”. Ellas tomaron el insulto con gracia y con el “respeto”, siempre presente en el prejuicio religioso (aunque no en ningún otro tipo de prejuicio). El portavoz de los religiosos entonces, cuando le peguntaron qué daños podría tener la clonación, respondió que las bombas atómicas eran dañinas. No estamos en desacuerdo aquí, pero la discusión se suponía que era sobre la clonación. ¿Tal vez conocía más sobre física que sobre biología? Pero no, después de decir la falsedad de que Einstein dividió al átomo, cambió de tema a la historia geológica. Afirmó que, ya que Dios trabajó seis días y luego descansó el séptimo, los científicos, también, deberían hacer lo mismo. Ahora, o realmente creía que el mundo se hizo en seis días, en cuyo caso su mera ignorancia lo descalifica de ser tomado en serio. O, como el presentador amablemente sugirió, su afirmación era únicamente una alegoría—en cuyo caso fue una alegoría muy mala.
A veces en la vida es una buena idea detenerse. El chiste es decidir cuando. La alegoría de Dios descansando no puede, en sí misma, decirnos si hemos llegado al momento de hacerlo en algún caso en particular. Como alegoría, la historia de la creación en seis días es vacía, como historia, es falsa. ¿Para qué mencionarla?

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